En el conjunto de la comarca de la Sierra del Segura Molinicos ocupa un lugar estratégico, en la actualidad se convierte en un buen punto de partido para conocer muchos de los rincones de la sierra. En el pasado y dada su situación geográfica fue también un importante enclave, en época de dominación árabe y de la reconquista, entre los territorios cristianos al norte (Alcaraz) y los musulmanes al sur. Esto explica la presencia de torres y atalayas de vigilancia como la de Torre Pedro, en la aldea del mismo nombre, en lo alto de una montaña, sobre una mole imponente de roca, desde donde se divisan las proximidades de Yeste. Es esta una de las mejor conservadas de entre las que componen la ruta de las atalayas de la encomienda santiaguista de Yeste y Taibilla.
Entramos en el pueblo y para valorarlo en su justa medida deberemos callejear e introducirnos en las calles más alejadas del centro, donde se conserva la esencia de cómo eran los pueblos de la sierra en el pasado: calles empinadas y estrechas, fruto de la orografía serrana; casas de mampostería y tapial, cuyas fachadas se ‘enjarraban’ con un enlucido a base de arena y cal o yeso, y se ‘enjalbegaban’ con una lechada de cal o yeso blanco que cumple, o cumplía, una doble función: aislar y desinfectar. También era frecuente pintar los contornos de puertas y ventanas con azulete, tradición al parecer de origen árabe, que tenía como finalidad ahuyentar los insectos. Los tejados se elaboraban con teja árabe, tradición que en muchos casos aún se conserva. Ejemplos de esta arquitectura tradicional los encontramos en el interior del pueblo de Molinicos; y algunos de ellos forman parte de los exteriores de la película Amanece que no es Poco.
En la plaza, en el edificio del antiguo ayuntamiento, encontramos en la actualidad el museo micológico, La casa del Níscalo.
Pero sin duda lo más bonito de Molinicos es su entorno, las aldeas _El Pardal, Los Alejos, La Alfera…_ y los cortijos aislados que han sabido sacar provecho al agua de la montaña para regar sus pequeños huertos dando color y vida al omnipresente verde. Aunque para hablar de color qué duda cabe que debemos viajar a Molinicos a mediados del invierno, cuando los almendros en flor convierten este rincón de la Sierra del Segura en una preciosa postal de campos florecidos en blanco y rosa.
Y además: El pino del Toril; Cañada de Morote; La Sierra del Cujón; La piedra de los enamorados; Iglesia de san José; Y mucho más…

